jueves, septiembre 17, 2020

Sobre la legitimidad del proceso constituyente chileno

 Desde que inició el proceso constituyente en Chile con la firma del “Acuerdo de Paz” entre las figuras y partidos de la cúpula política de nuestro país, todos nos dimos cuenta que el proceso dejaba fuera a la gran mayoría del pueblo. Fue así como se acordó un sistema de elección de constitucionales basado en D’Hont, el mismo ocupado para la elección de diputados, a través de listas partidistas que no permiten la real representatividad de la votación popular. Este sistema, asumido durante la reforma de 2017 del Servel permitió que nuevas fuerzas partidistas actuaran en la contingencia institucionalizada, como es el caso del Frente Amplio, pero siguió dejando a los independientes en precarias condiciones. Es así como comienza la dicotomía de este proceso.

Primero, debemos entender el contexto histórico que vivimos. Jamás en nuestra historia republicana se había dado la posibilidad de redactar una nueva constitución durante un gobierno elegido democráticamente. En 1828, cuando Freire planteó la primera constitución, de carácter federalista, fue realizada por una élite que controlaba el gobierno y las instituciones. Portales y sus colaboradores en 1833, luego de la Batalla de Lircay, propició una nueva constitución, la que definió un estado centralista, presidencialista y basado en el latifundio y la recta provincia. Eso determinó que nuestro país se volviera el oasis de empresarios extranjeros, de depredadores de recursos naturales, tierras ancestrales y nos hizo pelear una guerra contra dos vecinos para cuidar los intereses de los empresarios ingleses del salitre. Ya en el siglo XX, cuando se produjo el golpe de estado producto de la crisis económica y sistémica de inicios de los años 20, se redactó una nueva carta magna entre especialistas y, cuando ésta debía ser ratificada, se llamó al expresidente Alessandri, quien ocupó una “comisión revisora” que terminó cambiando la constitución a su antojo. Aún así, esa constitución logró cambiar el modelo latifundista a uno más liberal, lo que a la postre permitió generar cambios en el estado para tener una industria propia, educación laica y gratuita y otros triunfos durante las décadas del 40 al 60. Por obvias razones no me detendré a analizar el trabajo de la Comisión Ortúzar y Jaime Guzmán en la constitución del 80 que se desarrolló bajo una dictadura militar y que cambió el modelo a uno neoliberal rendido a los pies de la casta más conservadora del Chile de fin de siglo. Es la que aún nos rige, maquillada, con la firma de Lagos. Es decir, hemos tenido 3 constituciones mediante 3 golpes de estado.

Lo que hay que analizar ahora es lo que ocurre con el actual proceso constituyente. La ley 21.200, creada para modificar la constitución, permite por primera vez la realización de un plebiscito para decidir si se cambia la Carta Magna y cuál es el órgano que debe redactarla. Como todas las leyes que definen estas instancias dentro de un marco “democrático”, la ley restringe las acciones de la Convención (sea mixta o constitucional) a la única y exclusiva labor de redactar la constitución, respetando tratados vigentes, sin influir en los demás poderes del estado. Sobre este punto se ha dicho mucho, que es una ley mordaza, que evita la realización de una constitución real que permita cambios, manteniendo la nueva carta amarrada a los intereses de la oligarquía y la clase política. Pero ahora debemos poner el contexto latinoamericano para analizar esta ley y el proceso que vivimos.

Casi todos los procesos de cambio de constitución dentro la “institucionalidad democrática” en los demás países latinoamericanos han tenido una evolución e implementación parecida. He aquí los ejemplos del caso:

1.- Argentina, 1993: Carlos Menem, presidente en ejercicio, decide que es necesario cambiar la constitución del siglo XIX, para lo cual convence a la oposición de Alfonsín en el llamado “Pacto de los Olivos”. Se aprobó un proceso para elegir una Convención Constituyente bajo el sistema D’Hont donde los partidos políticos tenían la prioridad, con las mismas restricciones de no poder influir en los demás poderes del estado en ejercicio y con un quórum de aprobación de los artículos de 2/3.

2.- Bolivia, 2006: Después de un golpe de estado, el presidente de transición, Mesa, llama a realizar una Asamblea Constituyente con participación ciudadana de todos los sectores, donde compitieron en igualdad partidos políticos y agrupaciones ciudadanas. Todos los artículos se aprobaron con un quórum de 2/3.

3.- Brasil, 1988: Se realiza una “Asamblea Constituyente” que en realidad es un Congreso Constituyente, elegido entre los partidos políticos por sistema D’Hont, sin la participación de independientes. Además de redactar la constitución, debieron trabajar en funciones parlamentarias de forma paralela.

4.- Colombia, 1991: En una elección anterior, los jóvenes colombianos llamaron a llenar una “séptima papeleta” para pedir una asamblea constituyente. El presidente escuchó el llamado ciudadano de más de dos millones de votos y llamó a un plebiscito a través de un decreto presidencial que contó con el voto del 86% del padrón de votación. Para la elección de los constituyentes, la votación fue sólo del 30%, pero se realizó de igual forma. Se ocupó una variación del sistema D’Hont, donde los puestos que quedaban rezagados quedaron en poder de movimientos sociales y se le dio 4 escaños de voz y sin voto a las guerrillas. Las dos fuerzas políticas más importantes definieron la mayoría de los aspectos del reglamento que rigió el funcionamiento de la Asamblea.

5.- Ecuador, 2008: Una vez que fue elegido por mayoría el presidente Correa, decidió promover una consulta popular a través de un decreto presidencial para cambiar la constitución. La aprobación fue del 80%. Fueron elecciones libres, donde el partido del presidente acaparó 80 de 130 escaños. Esta asamblea además tuvo labores legislativas.

6.- Paraguay, 1992: Luego del golpe de estado de 1989 se proclama un gobierno transitorio. El presidente Andrés Rodríguez en 1991 se llama a elecciones para un proceso constituyente, donde se elige la Convención Nacional Constituyente. El sistema para la elección es D’Hont con participación de independientes. La aprobación de cada una de las leyes necesita 2/3 de los votos al interior de la Convención.

7.- Perú, 1992: Fujimori, luego de dar un autogolpe, llama a crear una nueva constitución, para lo que designa un “Congreso Constituyente Democrático” armado con 80 integrantes parlamentarios. En esos momentos, el Senado y la Cámara de Diputados habían sido disueltos por el presidente e intervino todos los demás poderes del estado. La cantidad de votos blancos y nulos permitió que las fuerzas de gobierno tuvieran mayoría para redactar la constitución a su gusto.

8.- Venezuela, 1999: Una vez ganada por mayoría la elección presidencial por parte de Hugo Chávez, éste hace un decreto para llamar a la creación de una Asamblea Nacional Constituyente que redacte una nueva constitución, aprobado por la Corte Suprema. Como dicha Asamblea fue convocada, pero no existían regulaciones para su funcionamiento, la propia asamblea decidió otorgarse a sí misma el poder de abolir las instituciones gubernamentales y despedir a personeros y oficiales de gobiernos que a su criterio eran corruptos. Este proceso permitió la participación de 1.171 candidatos para los 131 escaños disponibles. Hubo una abstención del 62% de los votantes. Los partidarios del gobierno de Chávez arrasaron en las elecciones acaparando el 95% de los escaños. Tres de esos escaños eran exclusivos de los pueblos indígenas.

Como podemos ver, salvo los casos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, todos estos procesos fueron realizados en condiciones parecidas o peores a la que estamos viviendo en el proceso chileno. Este proceso ocupa las mismas estructuras e incluso nombres de algunas de estas iniciativas latinoamericanas, por lo que, a ojos de la comunidad internacional, es un proceso completamente válido. Y es aquí donde tenemos la gran piedra de tope frente al llamado a no votar en el proceso constituyente impulsado en Chile: el voto de entrada y de salida.

El voto de entrada fue designado como VOLUNTARIO. Aquello significa que, sin importar la abstención, el proceso será validado con los resultados porcentuales que se obtengan del universo de votos válidamente emitidos. Es decir, si el 51% de chilenos que no votó en la elección pasada repite su accionar y votan aún menos chilenos en el total de sufragios, de todas maneras se realizará el proceso y se elegirá una de las alternativas para la convención. Entonces, cualquiera de las iniciativas ciudadanas paralelas que existen quedarán invalidadas por las instituciones y leyes vigentes. Es este panorama el que nos debe preocupar. La desconfianza en las instituciones y la clase política ha llevado a pensar que se puede boicotear este proceso, pero dadas las circunstancias nacionales internas y el contexto latinoamericano, no sucederá.

¿Qué podemos hacer entonces?

La ciudadanía empoderada debe buscar que su voz sea escuchada. El mayor rechazo que tiene este proceso es el sistema de elecciones por listas D’Hont que deja en inmejorable posición a los partidos políticos e impide la competencia de los candidatos independientes y la participación de los movimientos sociales. Es por ello que debemos generar una tercera papeleta e ir a votar en masa. Si votamos “Apruebo”, “Convención Constitucional” y además ingresamos una tercera papeleta con el voto AC, impediremos que la Convención mixta gane, que es lo primordial. Luego, con la Convención Constitucional ganada, los votos AC demostrarán que nuestra intención es redactar la constitución en igualdad de condiciones. Pediremos expresamente mediante ese voto que se modifique el sistema de elecciones por uno de mayoría simple y donde los partidos políticos no tengan ninguna preferencia por parte del Servel y las leyes como la 21.200 para presentar sus candidatos y que no exista el sistema de arrastre por lista de D’Hont que impide la competencia de los candidatos independientes. Debemos presionar de esta forma, porque de otra forma podemos perder todas las oportunidades que tenemos de participación en un proceso constituyente que ya empezó, con o sin nosotros.

Aún así, si el gobierno con la menor aprobación histórica no escucha el clamor popular, la instancia de ocupar partidos instrumentales que entreguen los cupos a la ciudadanía es una de las armas con que podemos ingresar constituyentes que sean del pueblo y lleven a esa redacción todos los postulados y proyectos preparados en las asambleas territoriales, cabildos y reuniones sociales. Debe existir una cofradía entre movimientos políticos nacientes y las asambleas para evitar que la clase política se robe este proceso y entregue una constitución que puede resultar aún peor que la anterior.

No hay que perder el foco. Hay que cambiar la constitución del dictador. Las herramientas pueden ser variadas, pero el llamado es uno: sin participación, entregamos la constitución a los mismos de siempre. Debemos luchar desde todos los frentes, desde las urnas, las asambleas, en las marchas, Plaza Dignidad, creando nuevos referentes políticos y utilizando todas las instancias que se nos vayan dando. Chile quiere un nuevo trato, un nuevo comienzo, pero para ello debemos entender que no podemos darles nuestro futuro en bandeja a quienes han usufructuado de Chile por décadas. Por no participar. los hemos dejado hacer con nuestro país lo que quieran.

No es el momento de restarse.

viernes, junio 26, 2020

Fuerte y derecho


Sacaron el disco PARE del camino. Hace rato. Hubo un intento de frenazo por allá por noviembre, pero fue sólo un derrape, nada más. Y por más que habían semáforos, pasos de cebra y un cuanto hay de avisos para detener el curso, Piñera y sus boys no se han detenido. Es más, apretaron el acelerador en plena rotonda del coronavirus y saldrán disparados directo a un estado de sitio.
Sí, parece sacado de una mala road movie, pero aquí no tendremos a Thelma & Lois tomándose de las manos lanzándose al barranco para ser siempre libres. No. Tenemos a Piñera y todo su séquito de cómplices levantando las manos mientras se enfilan contra un muro. Y por desgracia no es un muro hecho por la oposición, que cual Neville Chamberlain, negocian con un Hitler de brazos cortos para que no les hagan daño… pero sólo a ellos. No, el muro somos nosotros, los 18 millones de chilenos que estamos viviendo el peor gobierno desde la vuelta a la democracia y, quién sabe, tal vez el último que tengamos democrático en mucho tiempo si esto sigue así.
Así como Churchill les gritaba a todos en Inglaterra que Hitler era un maniático megalómano que iba a acabar con el mundo, me siento ahora, pero con menos barriga, más pelo e infinitamente menos carismático. En incontables ocasiones he tratado el tema con conocidos y con otros que no lo son tanto. Piñera está camino a hacer un autogolpe. Lo dije en noviembre, antes del acuerdo de paz, que me hizo olvidar esa idea al ver que se abría un proceso medianamente democrático en su lugar. Pero, luego de la aparición del coronavirus en nuestras vidas, ha vuelto al camino que imaginaba en mis peores pesadillas. Cada intervención, cada nuevo decreto, cada nuevo proyecto de ley, cada roce con el congreso y el poder judicial muestran un claro fin: una autocracia. Y a diferencia de la de un Hitler que era seguido por millones por su capacidad de convocatoria y la alienación de la sociedad alemana por buscar venganza por una guerra pasada, aquí está casi completamente solo. Pero quienes lo acompañan velan por los intereses de una élite que no sólo jamás se ha preocupado de los demás, si no que ahora quieren eliminar cualquier posibilidad de un brote reaccionario popular. Estamos ante el principio del fin de la democracia mentirosa que hemos tenido por 30 años. Y sólo se ven dos posibilidades a corto plazo: la dimisión o el autogolpe.
Cabe preguntarse de qué lado se pondrán las FFAA si Luksic y sus amigos deciden que es malo para sus negocios que Piñera acabe con el estado de derecho y gobierne como un pseudo dictador. Porque ténganlo claro, las FFAA no defenderán el estado de derecho porque sea ético o porque decidan defender a la población. Las FFAA en Chile trabajan para el mejor postor.
Se vienen tiempos inciertos.

miércoles, junio 10, 2020

Cuando la cuna define todo

Durante estos primeros 6 meses de 2020 hemos vivido una situación compleja, fuera de todo parámetro y que no tiene parangón en nuestra historia reciente. Aunque antes hemos tenido pandemias, ninguna ha sido tan rápida y absurdamente tratada como ésta. En la era de las comunicaciones, donde tenemos la información a segundos de un click, con acceso ilimitado de recursos informáticos y digitales, pareciera que el sesgo de la verdad se ha vuelto aún mayor.

Ya lo decían los agoreros salfatianos hace décadas: la información y la verdad son recibidas de quién la redacta, de quien la genera. Las guerras las cuentan los que las ganan, dicen por ahí. Y siempre ha sido igual. Hoy, nuestro gran compendio de información ha sido desplegado y a la vez censurado de maneras incontables, con redes sociales reguladas por entes internos y externos, con censura a temas controversiales, con amarillismo desde organizaciones y personas naturales, donde se ha producido tanto ruido que cuesta encontrar la fuente veraz sobre lo que está ocurriendo.

Así, tanto para el gobierno de turno como para la prensa tradicional, ha sido muy fácil tergiversar o manipular los sucesos a la espera de calmar, en un inicio, a la población y luego, para alarmarla y pedir inagotablemente el cese de sus derechos civiles en pos de la salvación comunitaria. Y como esa manipulación ha sido tan exagerada, la población poco a poco ha empezado a refutar el statuo quo propuesto por las autoridades y se está rebelando a su situación actual.

Creo que la enseñanza en la casa puede definir mucho a una persona. El cómo reacciona, como habla, como interpreta su realidad y la del resto. No es algo único ni inamovible, todas las personas son distintas, aunque nos intenten decir que somos iguales. No somos iguales, pero debemos tener los mismos derechos y deberes, eso no se les olvide jamás. Pero está claro que si naces en cuna de oro, con una red de contactos, verás la vida muy distinta a una persona que no tiene dinero, vive hacinado y no tiene cómo salir de ahí.

Es por eso que a nuestra dirigencia gubernamental el hecho de que exista un "asistencialismo" hacia las clases bajas, a la población desposeída o incluso a la golpeada clase media, se les hace algo imposible e innecesario. Consideran que la gente quiere "vivir del estado" como si el estado no viviera de ellas y por una vez debiera devolver la mano. No, para ellos es algo inaudito. Si eres pobre es porque no trabajaste lo suficiente o fuiste porro, no porque el medio en el que estuviste no te dio la oportunidad por más esfuerzos que hiciste. Y obviamente para ensalzar su postura sacan a relucir los únicos casos que rompen la regla, para así decir "¿ven? sí se puede, flojos".

Tuve una discusión con un excompañero de colegio por lo mismo. Criticaba la revolución de octubre por considerar que eran puros berrinches y que el país estaba bien. Por más que le decía que estaba equivocado y que había  que cambiar las cosas, denostaba y ridiculizaba cualquier postulado de mi parte hacia ese tema. Pero claro, analizando posteriormente, no lo podía criticar. Rodrigo siempre tuvo un buen pasar. Su familia tenía una casa grande, el último refrigerador del mercado que hacía los hielos más fríos del planeta, con el Super Nintendo cuando algunos con suerte pudimos recibir un Atari. Estudió donde quiso y ahora tiene una fábrica, una de las pocas que el gobierno deja trabajar durante la pandemia, por ser un fábrica indispensable en tiempos de reconstrucción. Su empresa ha entregado material de construcción incluso a los hospitales que están armando morgues más grandes para recibir a los muertos por COVID-19.

No me voy a hacer el santo ni el pobre aquí. Yo estudié en el mismo colegio que él, vivía en Providencia, en una casona gigante a una cuadra del Campus Oriente, con una familia que tenía buenos sueldos. Claro que era una familia donde 3 personas trabajaban para mantener ese espacio, familia que nació en Renca y que a punta de esfuerzo logró hacerse de plata. Podría decir que son un ejemplo de que "se puede". Aún así, ellos me enseñaron, entre otras cosas, que el mundo no terminaba conmigo. No diré que soy fan de mi familia, ya que tenían una postura política muy parecida a la de mi excompañero, incluso eran pinochetistas, odiaban a los que votaron por el NO y no creían en un estado protector.

Es extraño. Pensándolo bien, debiese estar de acuerdo con él. También pude estudiar lo que quise, pero a diferencia suya, estudié una carrera artística. Y por ser cine, tuve acceso a documentales, mi pasión absoluta en la vida. Pude contar con muchísima información y con el tiempo contrasté el relato familiar y el de mi círculo de amistades con el relato real, ese que era mucho más denso, feo y sucio de lo que me contaban. Encontré la verdad a pesar que esa misma verdad me alejara de mi propia familia, tanto política como religiosamente. Al tiempo me hice ateo, me declaré anarquista de pensamiento y me marginé de la política porque no me sentía representado.

Hoy, a 26 años de mi salida del colegio, cuando el mundo se cae a pedazos económicamente por los abusos de una élite organizada y con un gobierno que realmente da vergüenza, constato que no he cometido un error, he cambiado mi cuna por una propia. Esta cuna, la del conocimiento, el descubrimiento, el autoanálisis, la conmiseración y el apego a lo social, aunque sea desde una vereda pequeña, me han llevado a entender que no sólo el mundo va más allá de mi, si no que el mundo entero es más importante que yo.

Basta con ir unas cuadras hacia el sur de donde vivo para adentrarse en San Ramón, Puente Alto, Peñalolén o La Granja y encontrar una realidad que a este país le resulta incómoda. Esa realidad que les refriega en la cara el fracaso de su modelo, donde personas tienen que comer a crédito y vivir en casas miserables, no porque no trabajen, si no porque el país se vendió al mejor postor y ahora deben pagar por todo lo que antes el estado entregaba a la comunidad. Y no estoy hablando de un estado comunista ni estatista. Estoy hablando de un estado que debe asegurar el acceso a la educación, la salud, el transporte y la información de calidad.

La cuna de todas esas familias determinará mucho de su futuro, pero no sólo por el legado familiar, si no por las políticas públicas. Cuando el abandono del gobierno es total, las comunidades han tenido que salir a organizarse solas, a punta de olla común. Y lo que vemos es que esa organización también es atacada por el gobierno con la excusa de "cuidar a las personas de la pandemia". ¿Cómo pueden pensar que una familia se quedará tranquila cuando se les ha despojado de su fuente laboral y además no se les permite ayudarse comunitariamente para poder alimentarse?.

Escucho a ese compañero y a otros hablar desde sus asientos cómodos, sus casas calientitas y con su estómago lleno. Yo también disfruto de esas cosas, porque por suerte aún no me echan del trabajo y puedo hacerlo desde mi casa. Pero no puedo soslayar lo que ocurre. No puedo dormir tranquilo pensando en lo que está ocurriendo con esas miles de familias. Cada aporte, por mínimo que hacemos, entregando dinero o especies a las comunidades ayuda a palear el problema, pero no es una solución.

Y cuando escucho al gobierno proponer que nuestras platas de las AFP puedan ser usadas para rescatar empresas, esas mismas que profitaron del modelo por décadas y que ahora se declaran en caída libre, me emputezco. Porque ellos mismos negaron usar parte de esos fondos para las mismas personas que los ahorran. Porque no aprendieron nada de la pandemia y siguen pagando los favores electorales, esos que determinan qué leyes se aprueban y cuáles no. Porque están respondiendo a su grupo, a su red de contactos, a los de su propia cuna.

Puede ser que, en el fondo, sigo siendo un roto picante, como dirían ellos, un "resentido" como le dicen a cualquiera que no opine como ellos. Y no me importa que lo piensen así. Significa que, a diferencia de ellos, mi cuna no determinó quién soy, lo hice yo.

Que gusto me daría verlos haciendo lo mismo. Tal vez así se darían cuenta de la realidad del país y no decir, como el peor ministro de salud de nuestra historia, que "no conocía el nivel de hacinamiento que existe en Chile".

miércoles, mayo 20, 2020

A un paso de hormiga

Estos últimos días hemos visto cómo las malas políticas del gobierno, la desidia de los medios y la ineptitud de las FFAA y Carabineros han propiciado enfrentamientos violentos en El Bosque y otras comunas del Gran Santiago, que se han visto azotadas por la falta de trabajo, dinero y comida. Una situación que apenas es mencionada en la TV abierta, donde muestran el lado de la “barbarie” como una lucha entre los buenos (el gobierno) y los malos (los violentos pobres). Incluso llegan a postular que los narcos están azuzando a la gente para hacer estas protestas, cuando todos sabemos que son una tropa de cobardes que, cuando el pueblo los necesitó en octubre para que los protegieran de los abusos de las FFAA en el toque de queda, simplemente brillaron por su ausencia. Es que claro, cualquier cosa afectaba el negocio… y las fotos con la pistola en mano “pa’l feisbuk” quedaron guardadas.

Hoy hemos vuelto a tener una revuelta, pero esta vez en los sectores periféricos. El grito es uno sólo “no hay dinero ni comida” porque el trabajo ya precarizado terminó por ser congelado gracias a las políticas nefastas que el gobierno ocupó para proteger a las empresas y no a los trabajadores. Y ahora desde La Moneda comienzan a lanzar las migajas de unas canastas de alimentos que no durarán ni una semana, que no serán para todos y que sólo lo hacen para no ser juzgados internacionalmente por dejar morir a la gente de hambre.  En medio de esta situación que nos enoja, nos avergüenza, pero por sobre todo nos desesperanza, apareció una imagen que lo resumió todo en el costado del edificio Movistar. El gigante de cemento se tiñó nuevamente, al igual que casi toda la etapa posterior al 18 de octubre. Y esta vez fue conciso, directo y duro: HAMBRE. Sí, eso es todo. El gobierno ha postergado a la población trabajadora, la que mueve este país, a ser los parias de la economía nacional y dejarles a su suerte. Y el hambre empieza a ser una preocupación general.  Finalmente estalló frente a nosotros la dura verdad: la pobreza se maquilló por años con el crédito de la banca. Bastó un mes sin sueldo para que la pobreza fuera el tema más importante a tratar. ¿No que somos los jaguares de América?

Y aunque a todos nos hizo sentido que la palabra estuviera proyectada sobre el frío cemento durante la noche pasada, al gobierno no le pareció bien. No, porque en vez de solucionar, niegan, mienten, manipulan y culpan a otros. Lo hicieron durante el gobierno anterior y en éste lo están perfeccionando a tal modo que ya les importa un carajo la opinión pública. Desde octubre sólo se preocupan de sacar el mayor provecho de la situación, no para la población, si no para los dueños del capital, los que los pusieron ahí para defender sus intereses. 

Así fue como decidieron ocupar dineros de la intendencia para arrendar unos proyectores, ponerlos sobre un cambión y pintar ese costado, para que no pudiera proyectarse nada. Y lo lograron. No se puede proyectar nada, aunque en las redes sociales llovieron los memes photoshopeados que indicaban lo contrario. Y el problema es que ya la gente lo acepta porque es “una más”, algo que “ya ni importa”, porque este gobierno ha cruzado la línea demasiadas veces. 

Esto es una simple y vulgar CENSURA. Sí, al igual que en los 80, la diferencia que tienen más recursos y tecnología; porque los parámetros de ética y decencia son prácticamente los mismos. Y da miedo, penetra el alma el sentir que, por cuidar la salud y permitir la protección ante la pandemia, las personas han aceptado de buena gana el yugo de un gobierno opresor, que sólo busca acallar las voces disidentes a su pésima gestión. Todo con militares en la calle,
dineros para la represión por parte de FFEE como nunca antes se les entregó y con el beneplácito de la prensa, que lame las botas de Piñera como si de miel se tratara.

Sí, estamos a un paso de hormiga de convertirnos en dictadura.