domingo, agosto 21, 2005

La Guerra a los Vegetales

Hace un tiempo atrás estuve revisando los problemas que aparecían normalmente en televisión, las guerras por territorios, las peleas varias, uno que otro fraude, la segregación racial, sexual y clasista y me sentí un poco deprimido, porque caí en la cuenta de que el sistema seguirá así porque así viene de hace mucho.
Luego de escudriñar en mi cabeza y descubrir que cada vez tengo menos pelo, me puse a pensar en que si no se puede cambiar el sistema, por lo menos debemos ser capaces de definir al causante de todos los males que nuestro modelo capitalista y de libre mercado nos ha provocado. Fue entonces cuando viendo un documental en un canal de cable descubrí a los causantes de este mal que nos corroe: los vegetales.

¿Por qué? Por la razón histórica y cultural. Sucede que hace siglos de siglos, en el paleolítico, las tribus nómades de humanos primitivos vivían de la caza y se movían según encontraban nuevas presas que cazar. Como también existían animales que los querían cazar, ni tontos, se agruparon y formaron comunidades nómades donde todos cazaban y vivían por todos. Las mujeres eran parte igualitaria de esta sociedad, al igual que tenían dos deidades que funcionaban como partes iguales de un todo: el sol (hombre, fulgor constante, presencia alimentadora y cálida, pero nunca confiable) y la luna (mujer, fría, bella y protectora de los sueños y la tribu, fecunda y base de la nueva generación).

Buena parte de lo que teníamos en esa época como sociedad era la capacidad de compartir todo y generar un crecimiento social igualitario, casi un “comunismo carnívoro”. Pero durante el neolítico, la nueva etapa de la piedra tallada, donde el hombre se hizo más capaz y logró monumentos como Stonehenge, comenzaron a escasear las presas, muchas migraron o simplemente se extinguieron porque el hombre aún no concebía que era posible criarlos para comerlos. Por obvias razones a falta de carne algo hay que comer. Aparecieron los vegetales, estos engendros de capa celular dura, que nunca habían sido considerados como elementos propios de la dieta alimenticia. Y fueron necesarios para que las tribus no se extinguieran. Entonces el hombre debió aprender a cultivar la tierra, depender del sol y pasó a ser lo más importante. El sol era el que daba la cosecha, el sol hacía lo importante, por lo que la luna y la mujer pasaron a formar un segundo grupo de menor importancia, tanto en las creencias de la tribu como en la vida social.
También con el concepto de siembra, vino el concepto de la “propiedad privada”, la tierra que “yo” planto es “mía”. Así tambien vino la envidia, las peleas por tierras, que generaron batallas y guerras como las conocemos hasta ahora. El depender de las siembras también generó hambrunas en los años secos o cuando las cosechas se perdían por las lluvias inesperadas. Y como llegaron los animales domésticos y el hombre perdió su lado más salvaje, comenzó a enfermar. Muchos de los anticuerpos de nuestra especie dependían, y aún lo hacen, de la dieta, por lo que la falta de carne produjo una baja en los anticuerpos y nos volvimos la raza debilucha que ahora somos.

Pero aún más: fíjense en la cantidad de cosas que nos hacen mal que hacemos: tomamos, fumamos, nos drogamos, etc. Creo que eso es porque nos falta y nos seguirá faltando esa adrenalina que la carne les daba a los humanos primitivos y en cierto modo la tratamos de suplir de alguna forma. Sino, sabiendo que nos hace mal, ¿por qué seguimos haciéndolo?

Luego de esto sólo me queda hacer una cosa: declarar la guerra a todos los vegetales, causantes de guerra, hambruna, segregación sexual y cuantos otros males.

Así que ¡muerte a los vegetales! (excepto claro unas papitas mayo y una ensalada a la chilena en un buen asado...)

Scowy

1 comentario:

Héctor González Avilés dijo...

Interesante artículo, amigo Scowy, te felicito.